
La inteligencia artificial está haciendo su entrada en las técnicas de reproducción asistida, hasta el punto de automatizar algunas etapas de la fecundación in vitro. Más allá de las promesas de mayor eficacia y seguridad, esta evolución invita a reflexionar sobre la visión del ser humano que la sustenta. A partir de los criterios del «desarrollo humano integral» recordados por el magisterio reciente, Brice de Maherbe, profesor de bioética en el Collège des Bernardins y experto de la Conferencia Episcopal Francesa, examina los presupuestos antropológicos de estas innovaciones y plantea el riesgo de un paso de la procreación a la producción del ser humano.
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La «inteligencia artificial» se introduce ahora en el ámbito de las técnicas artificiales de fecundación. IVI RMA Global, que se presenta como el primer grupo mundial de medicina reproductiva, con más de 200 clínicas en Europa, Estados Unidos y América Latina, y Conceivable Life Sciences, una empresa biotecnológica neoyorquina, han anunciado recientemente la integración del primer laboratorio automatizado de reproducción humana en una futura clínica de Nueva York en 20271.
El laboratorio AURATM —actualmente inmerso en estudios clínicos— permite, en efecto, automatizar las etapas preimplantatorias del proceso de fecundación in vitro, desde la preparación de la placa de Petri y de su medio de cultivo hasta la incubación de los embriones humanos muy jóvenes antes de su implantación, pasando por la preparación de la muestra de semen, la selección y preparación de los ovocitos y la inyección de un espermatozoide en un ovocito mediante ICSI (inyección intracitoplasmática de espermatozoides). Las diferentes etapas se ilustran mediante breves vídeos en el sitio web de Conceivable Life Sciences2. La herramienta técnica permite asimismo una vitrificación ultrarrápida de los embriones para implantaciones diferidas. El recurso a la IA permite procesar miles de datos por ciclo, con el objetivo de aumentar su eficacia, en particular mediante la selección de los gametos que se consideran más aptos para un desarrollo embrionario satisfactorio.
La empresa insiste en que el proceso permanece bajo supervisión humana. Esta supervisión consiste sobre todo en asegurarse de que las distintas máquinas y los brazos robóticos funcionen «correctamente», y en vigilar los datos transmitidos en pantalla, realizando intervenciones puntuales en determinadas fases del proceso. Una de las ventajas declaradas del uso de la IA combinada de este modo con la robótica es precisamente reducir el tiempo que, de otro modo, el científico o el técnico de laboratorio de embriología dedicarían a los procedimientos técnicos que conducen a la fecundación de un ovocito mediante ICSI. Entre las demás ventajas elogiadas figuran una mejor trazabilidad de los fluidos para evitar cualquier confusión de identidad, la selección de los gametos con mayor «rendimiento» y la máxima reducción de los riesgos de «contaminación».
¿Estaría este uso de la IA, asociada a la robótica, en el ámbito de las técnicas artificiales de fecundación al servicio del «desarrollo humano integral»3, retomando un criterio fundamental de discernimiento ético recordado por el papa León XIV en Magnifica Humanitas , siguiendo a sus predecesores? El Santo Padre enuncia dos puntos de referencia clave para juzgar si un progreso técnico conlleva un progreso en humanidad: «la visión antropológica que lo guía» y los «fines que persigue» (Magnifica Humanitas 94).
La amplia difusión y aceptación de las técnicas denominadas de «asistencia médica a la procreación» se debe a que tienen como finalidad lograr el nacimiento de un hijo para uno o varios adultos que lo desean. El nacimiento de un hijo es en sí mismo una buena noticia. Que el progreso técnico facilite el nacimiento de un hijo parece a priori un progreso humano.
I ¿Un fin verdaderamente beneficioso?
Sin embargo, pueden plantearse numerosas preguntas respecto de un nacimiento deseado, tanto en el marco de un embarazo resultante de una técnica artificial de fecundación como en el de cualquier otro embarazo:
- ¿Será acogido el niño si tiene una discapacidad o un grave problema de salud?
- ¿Será acogido en un entorno familiar que favorezca su crecimiento humano?
- ¿Será informado, y de qué manera, de las circunstancias de su concepción? ¿Qué repercusión tendrá esto en su psiquismo?
Sabemos que la Iglesia, fiel a la enseñanza de su Salvador, invita a acoger a todo niño como un don y no como algo debido y afirma, como expresaba el papa Francisco, que «el amor conyugal entre un hombre y una mujer y la transmisión de la vida están ordenados el uno a la otra4». En otras palabras, el buen fin que representa el esperado nacimiento de un hijo merece ser examinado más de cerca, sin dejarse impresionar —ni abrumar— por las posibilidades técnicas. El magisterio católico ha expresado en varias ocasiones, de manera argumentada, su juicio negativo sobre las técnicas de fecundación artificial; y —sin olvidar el necesario acompañamiento pastoral de las parejas que sufren por no tener hijos— no puedo sino remitir, por ejemplo, a las instrucciones Donum vitae (1987) y Dignitas personae (2008) de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Sobre estos textos, véase:
- Albert Chapelle s.j., « Le clonage d’êtres humains », NRT 123-1 (2001), pp. 27-45
- Alain Mattheeuws s.j., « Le “corps embryonnaire”. Une avancée de Dignitas personae », NRT 134-4 (2012), pp. 606-627
- Pierre d’Ornellas, Thierry Collaud, Albert Chapelle, Xavier Dijon, Alain Mattheeuws, Bioéthique. Vulnérabilité et communion, colección Cahiers de la NRT, ediciones CLD, 2018, 176 pp., ISBN 978-2-85443-589-4, pedir aquí
Precisamente en estos documentos encontramos la preocupación por situar el juicio ético en una perspectiva tanto antropológica como teológica. A la luz de la experiencia humana y de una larga tradición filosófica, se recuerda que la naturaleza humana «es a la vez corporal y espiritual5», y que es a partir de esta unidad de cuerpo y alma espiritual como deben discernirse los medios empleados para concebir a un ser humano. A ello se añade el dato de la fe, que permite «elaborar una visión integral del hombre y de su vocación6». A este respecto, san Juan Pablo II nos dejó una reflexión particularmente inspirada: «en la biología de la generación está inscrita la genealogía de la persona7». La historia de cada uno, enriquecida o lastrada por las generaciones que lo precedieron, pasa por el proceso biológico de la fecundación. Encuentra su comienzo y su fin en Dios.
II Una antropología dualista
Ahora bien, la propuesta de concebir a un nuevo ser humano en un laboratorio cada vez más automatizado, donde los protagonistas son brazos robóticos y una IA sin cuerpo, sin afectos y sin conciencia, pone de manifiesto una visión antropológica que ha guiado desde sus comienzos las técnicas de fecundación artificial: una antropología dualista. El filósofo Olivier Rey afirmaba recientemente que semejante dualismo «nunca ha imperado tanto», con una forma general que nada tiene que ver con el dualismo cartesiano: «por un lado, una voluntad sin límites; por otro, una materia sin consistencia, sobre la cual la voluntad tiene plena libertad para actuar con el fin de alcanzar sus objetivos8». Aquí se trata de una disociación entre espíritu y cuerpo que es artificial y no real en el embrión.
De hecho, las técnicas de fecundación artificial encuentran su justificación en el «proyecto parental», expresión de la voluntad de los potenciales padres, a costa de despreciar sus cuerpos, reducidos a mero material carente de sentido. En cambio, el embrión solo se contempla en su dimensión biológica de organismo, sin dimensión espiritual alguna: no es más que un poco de materia sin verdadera consistencia, que puede ser manipulada en un laboratorio y «vitrificada».
III ¿Procreación o producción?
La introducción de la IA, asociada a la robótica, no hace sino acentuar el defecto inicial de las técnicas de fecundación artificial: la antropología que las guía es una antropología dualista que, bajo la apariencia de buenos sentimientos y, a menudo, de beneficios lucrativos, conduce a atentados contra la dignidad humana. Mediante la disociación entre el abrazo carnal y la concepción, como bien había advertido el profesor Vial Correa, se ha pasado de la procreación a la producción, con el consiguiente desarrollo de la I+D para mejorar el embrión «producido9». En este contexto, subraya el filósofo Dominique Folscheid inspirándose en Martin Heidegger, la técnica ya no es simplemente instrumental, sino instrumentalizadora:
La novedad consiste en que se ha pasado de la téchnē como modo de colaboración con la naturaleza a la técnica moderna como «provocación» dirigida contra esa misma naturaleza, lo que se traduce concretamente en su «emplazamiento»10.
Lejos de contribuir al desarrollo humano integral, la combinación de la IA y la robótica en la procreática no hace sino reforzar la deshumanización de la transmisión de la vida, en un contexto más amplio que busca liberarse de los «límites» del cuerpo sexuado, favoreciendo, por ejemplo, un modelo de filiación por consentimiento cada vez más disociado de la filiación por vínculo carnal. Sería bueno que, en conciencia, nuestros hermanos y hermanas en humanidad se detuvieran a reflexionar sobre esta huida hacia delante. Selección, rechazo, reducción a la funcionalidad o al gen: semejante deriva se apoya en mecanismos morales propios de la eugenesia. Tales acciones o modos de pensar se basan en criterios denunciados por Benedicto XVI:
La dignidad humana no puede identificarse con los genes del ADN del ser humano, ni queda disminuida por la eventual presencia de diferencias físicas o defectos genéticos11.
En cualquier caso, releamos estas palabras del papa Francisco:
¡Pensemos en lo que vale ese embrión desde el instante en que es concebido! Hay que mirarlo con esos ojos de amor del Padre, que ve más allá de toda apariencia12.
1. https://www.prnewswire.com/news-releases/ivi-rma-global-and-conceivable-life-sciences-announce-partnership-to-deploy-the-first-automated-ivf-lab-in-the-us-302816394.html, consultado el 27/07/2026.
2. https://www.conceivable.life/ivf-tech, consultado el 27/07/2026.
3. León XIV, Carta encíclica sobre la protección de la persona humana en la era de la inteligencia artificial Magnifica Humanitas, 15 de mayo de 2026, n.o 93.
4. Francisco, Exhortación apostólica postsinodal Amoris Laetitia, 19 de marzo de 2016, n.o 81.
5. Donum Vitae, I, 1.
6. Dignitas Personae 3.
7. Juan Pablo II, Carta a las familias, 1994, n.º 9.
8. Entrevista en Le Figaro del 24 de julio de 2026, p. 17.
9. Cf. J. de D. Vial Correa, « ¿Procrear o producir ? in Humanitas », Revista de antropología y cultura cristiana 2/5 (1997).
10. D. Folscheid, Made in labo. De la procréation artificielle au transhumanisme, Cerf, 2019, p. 46.
11. Benedicto XVI, Discurso a los participantes en la 20.a Conferencia Internacional organizada por el Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud sobre el tema del genoma humano (19 de noviembre de 2005).
12. Francisco, Amoris Laetitia 168.